Esto es, la constancia de llevar adelante siete años de autogestión y con la firme idea de sostenerla en el tiempo; la importancia de ser un espacio de producción independiente; un espacio abierto a los fotógrafos sin oponer restricciones de participación más que la que se impone cada uno de ellos y sus deseos de participar; la horizontalidad y lo colectivo como conceptos fundamentales que habilitan y caracterizan la muestra, posibilitando la integración e intercambio entre los artistas.
Es la idea y anhelo de cada año fortalecer el espacio como un espacio de encuentro para participar con las imágenes pero además con la palabra, el cuerpo, el alma y la mente. Proyectar un hacer fotográfico reflexivo y no intuitivo, como suelen fomentar, inconscientemente, las tecnologías digitales.
Cada uno es dueño de hacer la foto que tenga ganas de hacer. La única condición intrínseca al espíritu de La Colectiva es que, para consumar las expectativas de una praxis fotográfica conciente, es imprescindible ocupar, invadir, asaltar este espacio. Pensarlo como un espacio de producción, un espacio para compartir, para intercambiar, para conocer, para conocernos, un espacio para aprender todos de todos. |